In Memoriam, Guillermo Tovar y de Teresa (1956-2013)

“Cuando muere un sabio es como quemar una biblioteca”.

Guillermo Tovar y de Teresa, un hombre irrepetible.

La comunidad cultural Mexicana está de Luto por el inesperado fallecimiento del historiador, investigador, bibliógrafo, coleccionista, filántropo, poseedor de una erudición universal, el gran cronista de la ciudad de México, Guillermo Tovar y de Teresa.

Su muerte es profunda para nuestro país.

Aunque todos sabemos que era un hombre del barroco, era un hombre “renacentista”, un hombre que hacía y sabía de todo.

Guillermo Tovar era un virtuoso al silbar, desde los conciertos Bradenburgo de Bach hasta toda la música de Haydn y Mozart.

Desde niño mostró dotes fuera de lo común, amaba la literatura y la cultura desde muy pequeño.

También demostró una enorme admiración por la cultura novohispana de México.

A los 12 años, como asesor de la Presidencia de la República, asombró por su memoria y hambre de saber.

Un hombre lleno de erudición, de la pluma de Guillermo Tovar salieron innumerables libros, entre ellos “La ciudad de los palacios: crónica de un patrimonio perdido”, “Pintura y escultura del Renacimiento en México” y diversas historias sobre la capital mexicana.

 

Defensor del patrimonio monumental e histórico de México como pocos, autodidacta que prefirió las conversaciones matutinas con su abuelo en lugar de ir a la escuela, Guillermo Tovar, levantó su voz con fuerza y valentía cada vez que se atentaba contra la Ciudad de México. De ahí que fuera designado muy joven su cronista, sucesor de Artemio del Valle Arizpe, Luis González Obregón, Salvador Novo y José Luis Martínez.

Guillermo Tovar y de Teresa, nacido el 26 de agosto de 1956, creció en la ciudad de México, en una casa ubicada en la calle de Jalapa, de la colonia Roma. Comenzó a leer a los cinco años, antes de entrar a la escuela, y contaba que de niño, asistía a las tertulias que se realizaban en casa de Ernesto de la Peña, donde se conocieron sus padres; ahí se leía a los autores clásicos grecolatinos y pudo convivir con personajes como Luis Barragán, Mathias Goeritz y Chucho Reyes.

Desde temprana edad accedió a las lecturas de personajes destacados de la vida cultural del país, como Lucas Alamán, Vicente Riva Palacio y Justo Sierra. “Un niño con alma secular sintió la gravitación de toda la historia derruida y se propuso retenerla”, escribió Enrique Krauze.

A los 13 años conoció al escritor Octavio Paz, con quien compartiría su fascinación por Pegaso, el caballo alado. “La suya es una contribución esencial a la historia de las ideas que han formado a nuestra cultura y a nuestra nación”, comentó el Premio Nobel de Literatura sobre la obra del acucioso investigador.

También cuando era adolescente era un asiduo visitante de archivos y bibliotecas. Los cuidadores del Archivo General de Notarías, medio en serio y en broma, decían que lo cuidaban para que no manchara los documentos antiguos con sus paletas. Se convirtió así en un paleógrafo profesional. Desde 1967 fue invitado a trabajar en el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH).
En 1985 fue nombrado oficialmente cronista de la capital, pero en 1987 propuso la creación del Consejo de la Crónica de la Ciudad de México, donde invitó a personajes como Octavio Paz, Rufino Tamayo y José Luis Martínez, entre otros.

Descanse en paz… Guillermo Tovar y de Teresa

Jacqueline

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